jueves, 15 de junio de 2017

La chica de al lado - Ketchum

Ha pasado un mes desde que me lo leí, pero todavía recuerdo las sensaciones que tenía mientras lo leía. Lo leí rápido para acabarlo cuanto antes porque las escenas me revolvían el estómago, pero de alguna manera necesitaba seguir leyendo. No me creía que las acciones se sucedieran y me preguntaba cuántas salvajadas tendría que leer antes de que mataran a la pobre chica. Porque desde el primer capítulo pensé que el libro iba a acabar mal.

Es violento. Es obsceno. El lector suplica piedad a los torturadores, pide que no se les ocurra ir más lejos... pero el problema es que llegan más lejos de lo que pueda imaginar. Yo me preguntaba cómo es que no hay nadie que pare esa locura, y cómo se puede hacer tanto daño psicológico y físico como si fuera un pasatiempo de verano.

Ambientado en un pueblo pequeño, llegan dos hermanas huérfanas a vivir con su tía y sus dos primos. El narrador vive en la casa de al lado y los niños son sus amigos, así que pasa mucho tiempo con ellos. De ahí que sea testigo de todos los acontecimientos.

¿Qué pasa cuando un adulto pierde la cabeza y maltrata a niños pero los únicos testigos no son tomados en serio o deciden mirar para otro lado?

En esta novela hay muchos tipos de culpables:

- La tía: es la que se vuelve loca y da las pautas para que sus hijos participen en el maltrato.

- Los niños: participan como si fuera un juego. Es divertido para ellos, no piensan en cómo podría acabar todo. Se limitan a disfrutar de las ideas que les da su madre, en ningún momento sienten remordimientos ni se plantean que están cometiendo múltiples delitos. Es lo más escalofriante del libro, ver como personajes inocentes se ven corrompidos por su propia madre, aunque si hubieran sido personas íntegras no los habrían perpetrado. ¿O sí? Es un debate en el que no me meto.

- El narrador: CULPABLE. Con todas las letras, él es participante por omisión de socorro. Al principio es la única persona ajena a la casa que conoce lo que está ocurriendo en ese maldito sótano, y no lo denuncia, ni se lo cuenta a sus padres para que ellos llamen a la policía. Se queda esperando los acontecimientos, sin querer participar activamente, pero sin hacer nada por ayudar a las chicas hasta que es demasiado tarde, cuando ya han cambiado las pautas del juego y se ha convertido en algo demencial, si es que no lo era desde el principio.

- Otros que podrían haber evitado el desenlace: por quitarle hierro al asunto del maltrato de los adultos a los niños, ya que es la tía a su sobrina.

Me decepciona que no tenga el valor de salvar a las chicas desde el primer momento de los abusos, pero tristemente es un personaje tan real como la vida misma.

Termino con lo mismo que American Psyco: abstenerse sensibles. Pero si en ese libro era por las escenas gore, este es por la violencia infantil. Es demasiado real. Y eso quitando la narración la mayor tortura que le infringen a la chica, para la que el narrador se excusa de contar porque es demasiado que recordar.

Hermosos y malditos - Fitzgerald

¿Qué hacen los afortunados que nacen sobre una cama de dinero?
¿Cómo se plantean su vida cuando solo tienen que pensar en qué entretenerse?

¿Para qué trabajar?

Los años del jazz. Champán. Fiestas. La ley seca.
La gente considera un símbolo de estatus social gastarse su fortuna y no hacer absolutamente nada por aumentarla. Fitzgerald nos regala unos personajes egoístas, malcriados y totalmente inútiles:

La protagonista femenina es increíblemente bella, tanto que es lo único que le importa, la belleza y su juventud, es un personajes absolutamente superficial que no tiene ningún tipo de conversación que no sea sobre ella. Le aburre mortalmente todo lo contrario.

El protagonista masculino evidentemente se enamora perdidamente de ella, y ella cae seducida porque va a ser heredero de una basta fortuna, o al menos eso piensan ambos. El tema de la herencia se complica cuando ambos están casados y no hay remedio, tras ser desheredado les toca remar contra corriente sin apenas ingresos, ya que en esa época las mujeres solían trabajar y la altiva protagonista no se puede rebajar a hacer alguno de los trabajos para los que no son necesarios requisitos previos.

Él es incapaz de dirigir su vida y cae en la bebida, arrastrando a su mujer a la ruina, sin dejarla ni tan siquiera probar fortuna con sus contactos, ya que tiene celos terribles del impacto de la belleza de ella en otros hombres... aunque eso no le impide engañarla con una chiquilla de pueblo que ni siquiera es una chica especial. Le he detestado desde el primer capítulo.

Para cuando se ha producido el cambio el cambio en los personajes, ya les había cogido una manía terrible y eso perjudica el juicio que estoy  haciendo de ellos. Realmente pensándolo en frío es una transformación muy rica y muy bien narrada.

Lo siento porque es un gran autor, pero se me han hecho largas tantas páginas para tan parco retrato social.

La chica de antes

Hay thrillers que te enganchan y que conforme va llegando el final suben de ritmo, lo justo como para que te de un vuelco el corazón y te dejen boquiabierta. No puedes dejar de leer hasta que descubres o qué puñetas pasó o qué pasará.
Esos son los buenos, los que puedes recomendar a cualquiera porque sabes que te lo agradecerá.

Lamentablemente no es el caso de "La chica de antes". Lo que más me decepciona es que la idea es buena, el escenario más o menos novedoso y real y los personajes al principio de la novela tienen todo para ser moldeados. Pero la forma de conducirla y la conclusión es nefasta para mi gusto. 

No puedes marear al lector con cambios de mentalidad en todos los personajes. Me parece genial que Emma (una de las dos narradoras protagonistas, la de "antes") sea una mentirosa compulsiva, pero en ese caso que el resto de los personajes no se terminen cortando por el mismo patrón. Cuando he leído el final de Jane (la otra protagonista, la de "ahora") y ha empezado con "te mentí desde el principio" (o algo parecido) casi me doy un cabezazo contra el libro.

Me ha gustado la estructura de alternar entre las dos narradoras, una del pasado y la otra del presente, aunque los capítulos eran excesivamente cortos y algunos repetían prácticamente las mismas palabras que el anterior. Entiendo que está mostrando paralelismos entre las dos, pero quizá en la segunda podría no repetir descripciones y diálogos.

Me está resultando muy difícil escribir esta reseña sin parecer la editora de la autora, porque se me ocurren mil ideas para mejorarla (a mi criterio, claro). Y no soy quien para andar escribiendo sugerencias. Me recuerda al estilo de Perdida (Flynn) que era fresco, sin tabues en las expresiones, moderno, actual... pero la conducción de la historia y la calidad del hilo narrativo fracasan estrepitosamente.

Aquí cuando descubres quién perpetró el asesinato del que ya se habla en la contraportada ni siquiera te sorprendes. El lector se da cuenta perfectamente de que le están poniendo todos los indicios acusando a un personaje para luego cargarle la muerta a otro, y la escasez de personajes hace que sea bastante obvio todo. De hecho la novela se reduce a cuatro personajes, dos hombres y dos mujeres, el resto de secundarios son tan solo figurantes para ilustrar alguna parte de los personajes que tampoco era tan necesario exponer en un diálogo.